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Hola me llamo Natalia, tengo 18 años y estudio en una escuela privada en las afueras de Buenos Aires, en Argentina. Quiero contarles algo asombroso que me ocurrió hace poco. Todo comenzó cuando empecé a sentir un molesto ardor en mi vagina que me preocupaba, pero no quería alarmar a mis padres así que un día en que ya no lo soportaba más, se lo comenté a mi profesora de Matemáticas que es con la que mejor relación tengo. Ella me dijo que la escuela tenía un médico ginecólogo para atender a las alumnas incluso en horario escolar, de manera que me envió a verlo de inmediato.
El doctor González, que así se llama, estaba desocupado y me hizo pasar a su consultorio. El doctor tiene alrededor de 50 años y es muy guapo, alto, muchas canas en el cabello y muy amable en el trato. Lo primero que hizo fue pedirme que me quitara la bombacha y me hizo sentar en una cama ginecológica. Es un sillón común pero tiene dos brazos en los cuales las chicas quedamos con las piernas levantadas y muy abiertas para que el médico pueda examinarnos la vagina con comodidad.
El doctor se puso unos guantes, subió mi falda hasta que quedó arrollada en mi cintura y con mucha suavidad me abrió los labios de la vagina. Mientras me la examinaba me hizo algunas preguntas.
-¿Cuánto hace que te arde de esa manera, Natalia?
-Desde hace tres o cuatro días, doctor.
-¿Cuándo tuviste sexo por última vez?
-Hace cuatro días si no me equivoco.
-¿Fue con tu novio o con algún chico que conociste?
-Con mi novio.
-¿Y fue normal, como siempre, o notaste algo extraño?
-Pues la verdad es que me dolió un poco -respondí- Pero otras veces también me ha pasado. Sucede que la tiene un poco grande, creo que es por eso.
Mientras hablábamos el doctor no dejaba de tocarme la vagina y yo sentí que empezaba a humedecerse. Estar abierta de esa manera, hablando de esos temas mientras él me tocaba con sus dedos expertos me estaba excitando.
-Creo que sé lo que te pasa pero tengo que estar seguro. Natalia voy a tocarte el clítoris y quiero que me digas lo que sentís.
Sus dedos se apoyaron sobre mi clítoris, lo acariciaron, y no pude evitar lanzar un suspiro.
-¿Esto te excita Natalia?
-Mucho -respondí entre jadeos-.
-Bien, muy bien, es buena señal. Decime que sentís ahora.
Dijo eso y me hundió un dedo profundamente en la concha. Lancé un "ahhhh" prolongado y me aferré a los bordes de la camilla.
-Veo que también te excita -observó el doctor-. Me estaba metiendo y sacando el dedo muy lentamente, y la verdad es que me volvía loca.
-Mucho, mucho de verdad -respondí pasándome la lengua por los labios-. Miré al doctor y pude darme cuenta claramente que en su pantalón tenía un bulto. El también estaba excitado.
-Bien, dejame ver una cosa más. Quiero mirar tus pechos.
Me abrió la blusa y se encontró con mis tetas. Mis pezones estaban durísimos. El doctor se sorprendió de que no usara corpiño.
-¿Nunca te ponés soutien?
Le expliqué que no. Mis pechos no son grandes y me gusta tenerlos libres. El doctor miró muy de cerca mis pezones, los pellizcó un poco aumentando mi excitación y pareció conforme con el examen.
-Bien, bien. Es tal cual lo pensaba. Para sacarme la última duda, ¿practicás sexo anal? ¿Lo hiciste con tu novio la última vez?
Respondí que sí. Entonces el doctor se cambió los guantes y lubricó su dedo mayor con un aceite que tenía sobre una mesita.
-Si esto te duele tenés que decírmelo.
Después de decir eso, me hundió el dedo lubricado en el agujerito del culo. Lancé un grito mitad dolor mitad placer, mi espalda se arqueó en el sillón y quedé casi en el aire, sólo apoyada por mis manos y mis pies. El doctor hizo girar su dedo, con la otra mano me abría las nalgas todo lo posible, lo metió y sacó un par de veces y luego lo miró.
-Perfecto, está todo perfecto. Bueno Natalia, necesito una muestra de tu jugo vaginal para hacer unas pruebas de laboratorio. Te pido que te relajes y me ayudes a obtenerla.
Entonces me metió un dedo en la vagina, luego otro, mientras me acariciaba el clítoris. El doctor me hizo una paja maravillosa mientras me alentaba "dámelo chiquita, dámelo, lo quiero todo, dámelo". Tuve un orgasmo increíble.
-Muy bien, muy bien Natalia, te agradezco por colaborar. Me diste mucho jugo -dijo él mientras juntaba mi orgasmo en un frasco-.
Mientras yo ordenaba mi ropa, el doctor González me explicó:
-El ardor que sientes te lo provoca tu ropa interior. Algún producto que utiliza tu madre para lavarla, supongo. Las pruebas de laboratorio me lo van a confirmar. Por eso te arde la vagina pero no los pechos. Por eso te pido que durante una semana no uses bombacha ni corpiño. No creo que sea mucho problema para vos, ¿verdad?
Le dije que estaría bien.
-Tampoco tengas sexo durante una semana, y vení a verme a mi consultorio para un segundo examen.
Estuve de acuerdo. El que se puso muy loco cuando le conté fue mi novio Fernando. "No voy a aguantar una semana sin coger", me dijo. Pero encontramos una solución: el médico no había dicho nada sobre el sexo oral, así que cuando nos veíamos le hacía una mamada.
Mi novio estaba encantado de que le chupara la pija hasta hacerlo acabar en mi boca, pero yo estaba cada vez más caliente porque no podía ni tocarme. Además el hecho de andar todo el día sin ropa interior aumentaba mi excitación. Los chicos de la escuela ya se habían enterado de mi problema, y me espiaban bajo la falda todo el tiempo cuando me sentaba o cuando subía las escaleras.
Pasó la semana, volví al consultorio del doctor González y lo encontré reunido con otro médico de su misma edad e igual de guapo.
-Pasá Naty, él es el doctor García. Estuvimos hablando de tu caso. Bien, está todo confirmado, tu madre deberá lavarte la ropa interior con otro producto.
Me quedé muy tranquila al saber eso. La verdad el ardor había desaparecido por completo.
El doctor González hizo que me sentara otra vez en la camilla ginecológica y junto con su colega me examinaron la vagina.
-Está perfecta -dijo González después de mirarla, e invitó a García a que me examinara.
Apenas García me metió un dedo empecé a gemir. Una semana sin coger, y ahora dos hombres maduros mirándome semi desnuda y tocándome la vagina fueron demasiado para mí.
No hizo falta que nadie dijera nada. El doctor González se puso de pie entre mis piernas abiertas, sacó su verga y me la metió en la concha de un solo golpe. Dí un grito de placer y de inmediato el doctor García me metió su pija en la boca.
Yo me sentía en el paraíso. González me metía y sacaba la pija con fuerza mientras yo mamaba al doctor García, que tenía un tronco más grueso que el de mi novio. Era la verga más grande que jamás había visto.
Me bajaron de la camilla y quedé de pie entre los dos hombres. "Sos una chica maravillosa", me dijo el doctor González y me metió la lengua en la oreja. Levantó mi pierna izquierda, la sostuvo con su mano debajo de la flexión de mi rodilla y me metió la verga en la concha otra vez. Mientras me chupaba las tetas, mordía mis pezones, los estiraba con los dientes.
García estaba detrás de mí. Yo podía sentir que guiaba su verga buscando la entrada de mi culito, cuando la encontró me hundió la cabeza enorme y lancé un grito.
-Qué chica hermosa -dijo García entre jadeos- Mirá cómo se come dos pijas enormes a la vez.
Me tenían de pie, en medio de los dos, bombeándome verga sin parar por mis dos agujeros. Nunca me habían cogido mejor. Yo gemía, gritaba y tenía un orgasmo detrás del otro.
-Sos una nena hermosa -decían- Una putita de primera. Es una maravilla la manera que se te abre el culo.
Me pusieron en cuatro, de rodillas sobre una silla. Por turno, los médicos me metían y sacaban la verga del culo y se excitaban más cuando veían mi agujero completamente dilatado. Escupían dentro de él y me la volvían a meter.
Después me arrodillé entre los dos y les chupé la verga hasta sacarles toda la leche. Me la tiraron en la boca, la cara, el pelo y las tetas.
Fue la experiencia más maravillosa que he tenido. Luego nos volvimos a ver en la casa del doctor González, me hicieron sandwich entre ellos dos.
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jueves, 28 de agosto de 2008
Relatos Eróticos: La Joven y el Ginecólogo
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jueves, 21 de agosto de 2008
Relatos Eróticos: Mi confianza en el Doctor
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Mi esposa y yo tenemos un matrimonio sin muchos contratiempos, ni grandes historias, vivimos en Montevideo, y no tenemos problemas económicos. Mi mujer me pidió que la lleve al médico porque tenía algunos dolores y de paso, hacerse una revisión de rutina. El hecho de acompañar a mi mujer a su visita a un ginecólogo, me llenaba de excitación, sabiendo que tendría que desnudarse delante de otro hombre.
En la sala de espera, colgada de mi brazo, mi hermosa esposa, Andrea, es una típica argentina descendiente de italianos, suizos, y algún gaucho con sangre india, es una bella morena de ojos claros, delgada y alta con muy buenos pechos, y un culito chico pero redondito, que se viste muy conservadoramente, tiene 32 años muy bien llevados, gimnasio mediante, es profesora de inglés en una escuela secundaria y tiene un carácter muy fuerte, es bastante antigua en el tema del sexo y es difícil hacerla calentar. Viste siempre muy sencillo y nada llamativa, pero me excitaba mirando sus pechos que se dejaban entrever abultados abajo del pulóver, por abajo llevada un vaquero ajustado que le hermoseaba sus caderas, su culo y sus hermosas piernas, en sus pies unas sandalias con tacos, que la hacían casi mas alta que yo, y en sus tobillos unas pulseritas como esclavas, que hacían ruidito cuando caminaba.
Acababa de entrar al consultorio una mujer rubia muy hermosa, y yo me ratoneaba imaginándola desnuda y en la camilla esperando la revisión del médico, le hice un comentario a Andrea sobre ella y el doctor, y ella me respondió, cállate vos, siempre el mismo morboso, yo le hacía algunos arrumacos y ella me agarraba mas fuerte apretándome el brazo como buscando refugio.
El Médico era un tipo alto con unas manazas y dedos larguísimos, de unos 38 años aproximadamente se ve que tenía muchas pacientes gracias a esos dedazos, no me los imaginaba dentro del chocho de mi esposa, y pensaba que dentro de poco tendría la posibilidad de verla gemir de dolor.
Nos tocó el turno, y pasamos adentro del consultorio, yo me senté con vista a un pequeño biombo, y detrás de un divisorio de plástico traslúcido, se veía la camilla ginecológica, la habitación tenía una ventana que estaba cerrada y un respiradero en la parte de atrás a la altura de los marcos. Mi esposa estaba nerviosa pero también la noté excitada, imaginando lo que le iban a hacer, sus ojos verdes brillaban más que otras veces y me miraba como con compasión, como si me estuviera a punto de engañarme o pasarme el cuarto como decimos acá.
Después de los saludos, y comentarios triviales de siempre, algunas preguntas sobre la salud de mi esposa y los síntomas que podría tener, le dijo que la tendría que revisar y le indicó que se desnudara detrás del biombo, yo disimuladamente me corrí para atrás para disfrutar viendo el magnífico cuerpo de mi mujer, que se quitó los pantalones y la parte de arriba, y quedó en corpiño y bombacha, la que se le metía por la raya de su culito y me volvía loco, un juego de lencería negro con bordes de encaje, que me quitaba el aire, salió de atrás del biombo, preguntándole al médico si estaba bien así, éste levanto los ojos y quedó alelado, pero reaccionó enseguida y le dijo, que no, que se sacara todo, y mi mujer volvió atrás y se empezó a quitar el brassier, soltando sus tetas magnificas, que ya tenían los pezones duros por los nervios y la excitación, a mi se me empezó a parar viendo las aureolas y sus formas perfectas, se sacó la tanga, agachándose con el trasero hacia a mí, mostrándome sus nalgas y largas y entornadas piernas, que eran su orgullo y un lunar en el cachete izquierdo del culo. Mi mujer se puso la bata verde y salió de atrás del biombo y se acercó a la camilla, que ya me quedaba un poco fuera del alcance de mi vista, el medico le dijo, que se acueste y ponga los pies en los apoyos, con lo que quedaba completamente expuesta y con su coñito depilado a la vista, pero no la mía, mi mujer juntó las rodillas y se cubrió todo lo que pudo, yo podía verle las piernas por debajo de la bata y sus nalgas que se aplastaban contra la camilla, el canal oscuro de su pelvis y el pliegue de su cola donde empiezan las piernas, lo que me acentuaba la erección.
Mientras el médico, se acercó y buscaba unos guantes finos de goma casi transparentes, se los colocaba, y le agarró las rodillas y se las separó, para empezar a trabajar en su coño. Alcancé a ver la cara de susto de Andrea, al sentirse completamente abierta.
El médico tomo un pomo de agua y le tiro agua en su pubis, y luego se lo secó, - tiene irritado y un principio de hemorroides en su ano, le dijo, - sí, me arde le dijo mi mujer, -le pondré una pomada, que tomo y la hizo ponerse en cuatro patas en la camilla, con lo que le levantó la bata descubriendo un culo blanco y redondo como para desfallecer, le colocó la pomada lentamente, rodeando su agujerito e introduciéndole un poco su dedo a lo que Andrea frunció su cara y elevó la cabeza en gesto de dolor, me arde más todavía insistió, y el médico estuvo un par de minutos masajeándole su entradita posterior, cuando se alivió un poco la hizo ponerse como al principio, se dió la vuelta y tomó un aparatito de plástico, se dirigió a la camilla, lo colocó delicadamente en la entrada de la vagina y de a poco se lo fue introduciendo en el coñito, mi esposa gimió, - le duele mucho preguntó, yo me excité de sobremanera y me corrí para ver mejor, en ese momento el medicó reparó en mí, y mirándome fijamente, se dió cuenta de mi estado de nervios, y me pidió si me podía retirar porque, haría mejor su trabajo sin tener la presión del marido de la paciente, mirando la terapia invasiva que le iba a hacer a la esposa.
Muy perturbado, tuve que retirarme, y cuando se cerró la puerta, me quedé solo en la sala de espera, con una angustia en el pecho y en un estado de incontrolable excitación, me perseguía la imagen de mi mujer dentro de esa bata, y sabiendo que no tenía nada debajo, y encima encerrada con un hombre que la tenía totalmente a su merced, no sabía que hacer, desde el consultorio sentí más gemidos de mi esposa, lo que me volvía loco, alcance a sentir la voz del médico pero no pude descifrar sus palabras, así durante un largo rato, traté de escuchar e imaginar lo que le estaba haciendo a mi esposa, seguían los gemidos un poco mas fuertes, y pegué la oreja a la puerta, para sentir mejor, en eso veo a una mucama que sale por una puerta del pasillo de atrás, puerta que seguro daría a un cuarto atrás del consultorio, pensé que escucharía mejor y no correría riesgo de que viniera alguna otra paciente a la sala de espera y me frustrara la posibilidad de por lo menos oír lo que pasaba adentro. Me levanté y me fui hasta el cuarto ese, abrí la puerta, entré, me encerré y comprobé que se escuchaba todo lo que pasaba adentro con mi mujer, que ya se había calmado y hablaba con el médico, diciéndole que le ardía el ano, y la pomada le daba mucho calor, el médico le contestó que ya le iba a pasar, yo me pregunté porqué se oía tan bien y me dí cuenta que el respiradero que había visto en la parte alta y posterior del consultorio daba a este cuarto, y estaba abierto, por lo que me subí a un tacho que había y miré por el respiradero, la vista era magnífica, me llené de alegría.
-Abrase la bata que le voy a hacer un examen de mamas- le dijo el médico, a mi mujer se le puso la piel de gallina, entonces el médico al ver que no reaccionaba, le abrió los bordes superiores de la bata poniendo sus hermosos senos al descubierto, y yo, como el médico, podíamos admirar su magnifico cuerpo completamente desnudo, ella ruborizada, trató de cerrar la parte inferior de la bata, tapando su pelvis, pero por la posición de sus piernas con las rodillas levantadas, la bata se deslizaba hacia abajo, y la dejaba expuesta totalmente, tranquila le dijo al notar, la piel tensa y los pezones duros, mientras le empezaba a masajear sus tetas, perfectas que le cabían justo en su mano, yo pensaba en como lo estaría disfrutando el maldito, la cara de mi mujer ya denotaba una marcada excitación y empezó a gemir pero de placer me pareció, ya que antes le habían estado trabajando el coño y el culito. El médico tenia ya un abultado paquete en su entrepierna alcancé a notar, mientras le masajeaba las tetas con las dos manos, sin los guantes, rozó varias veces el bulto contra el costado de mi esposa, le agarró los pezones y tiró de ellos, observando como volvían a su lugar, mi esposa ya no daba más de placer según yo lo veía en su cara y se tocaba disimuladamente la entrepierna, el médico al darse cuenta, dejó de masajearle las tetas y le dijo que le iba a hacer un tacto, dándose cuenta de la mojadura en sus labios vaginales que brillaban. Andrea, ya no intentó taparse y se quedó expuesta, el médico, en forma adrede sin los guantes, le empezó a meter un dedo en su vagina, y con la otra le acariciaba el interior de sus muslos, y frotaba su clítoris, con la clara intención de excitarla hasta donde pudiera, la cara de mi esposa era la imagen del placer, su cabeza hacía un vaivén de un lado a otro como buscando un alivio a su calentura, sintiendo ese dedo que entraba y salía repetidas veces y que se retorcía dentro de ella, entonces el médico le introdujo otro o sea los dos a la vez, ella pegó un grito tremendo, retorciéndose en la camilla, pellizcándose los pezones, a lo que el médico se le acercó ofreciéndole el bulto, mi esposa le agarró el pantalón, y le empezó a buscar la pija, cuando se la sacó, estallando enfurecida, pudo admirar un tremendo pedazo de carne con una cabeza desproporcionada, mientras seguía sintiendo los dedos abriendo y revolviendo su vagina, mi esposa tomó el pene descomunal y lo empezó a acariciar, pero el médico la obligó a llevárselo a su boca, como no le entraba, le lamía los costados, y en un esfuerzo pudo abrir su boca, dilatando los labios e introducírselo chupando la cabeza lentamente como si fuera un chupetín, el médico empujaba y se lo metía hasta la garganta solo aflojando cuando veía que ya no podía respirar, empezando un mete saca por la boca descomunal, yo estaba que no daba más, la visión de mi hermosa mujer con ese pedazo en la boca, me había hecho tener una eyaculación, mi esposa siempre se negó a practicar el sexo oral, aunque logré que algunas veces me lo hiciera, no lo hacía con el gusto y el entusiasmo que estaba poniendo ahora, chupaba, lamía y le pasaba la lengua por la punta como una experta. Una tremenda duda se me cruzó en ese momento dándome cuenta de la vejación que le estaban practicando a Andrea, se me cruzó la idea de ir a protestar y detener ese acto, pero la excitación y mi voyeurismo pudo más. Mientras tanto, Andrea tuvo un orgasmo gracias a los dedos que seguían revolviendo su vagina. Luego el médico sacó un dedo de la vagina y lo empezó a introducir en el ano, que se empezó a dilatar con los jugos de la vagina, mi esposa pegó un respingo al sentirlo, y gritó, me ardeeeee, el médico le dijo y te va a doler más, puta. Así con un dedo en cada agujero tuvo su segundo orgasmo, mientras el médico le llenaba la boca de semen, que se le escurría por las comisuras de los labios. Trágatelo todo, puta, le dijo, te va a hacer bien, le gritó el médico, ella haciendo arcadas tragó todo lo que pudo y el resto se le derramó por su cuello y sus pechos. Luego de esto el médico la levantó y la sentó, besándola en la boca, revolviendo su lengua dentro de la boca de ella, a lo que ella le respondió con un abrazo y un beso de lengua muy entusiasta. Él la acostó nuevamente y empezó a besarle sus pechos y morderle los pezones, mi mujer mientras tanto le masajeaba la pija para que se vuelva a endurecer!!! Quería más pensé.!!!! En eso sonó el teléfono, él se volvió y fue hasta el escritorio atendiendo la llamada, dejando mi mujer gimiendo, sentí que le decía - no te vayas, volvé, quiero más, mucho más, -Hola dijo él, estoy atendiendo, pero venite que tengo una mina que esta reemputecida y con la pija mía sola no le va a alcanzar, fíjate cuando vengas si el marido esta en la sala de espera, pobre boludo no sabe la cogida que le estoy dando a su mujercita, que está rebuena, dale te espero-. Regresó al borde de la camilla, mi mujer se había puesto de costado, y se acariciaba su clítoris, entonces él mirándola fijamente, se dió cuenta que estaba para cualquier cosa, - que buen culo tenés, déjame que te lo voy a destrozar le dijo, y así te volverás la mejor puta. Nooo dijo mi mujer, por ahí no, la quiero en mi concha, dijo al ver la enorme pija endurecida nuevamente, en eso entró otro hombre, pensé que era el del teléfono, cuando lo vi casi me caigo, era un negro descomunal y feo, -Hola Jair dijo el médico, ahora probarás una putita insaciable. Se dio vuelta hacia mi esposa y le dijo - Andrea este es Jair un médico residente africano, que está terminando su preparación en esta clínica, ella lo miró con los ojos inyectados por el deseo y no dijo nada. El negro al ver a mi esposa desnuda y ansiosa de ser cogida, se empezó a desnudar y se puso parado al lado de la camilla en la parte de adelante, al alcance de la cabeza de mi esposa, cuando se bajó el slip apareció un miembro monstruoso, largo y con la cabeza mas clara, que inmediatamente buscó la boca de Andrea, que la empezó a chupar de costado hasta introducírsela en la boca, pudo porque todavía no estaba endurecida del todo, pero empezó a hincharse y la boca de ella se inflo como un globo mientras el negro, la empujaba y la sacaba repetidamente, el médico mientras estaba introduciéndole el pene en su vagina, que a pesar de lo mojada que estaba, no alcanzaba a dilatarse, y ella gemía y se sobresaltaba del dolor, yo estaba extasiado viendo a mi mujer con 2 pijas en su cuerpo, la vagina empezó a engullir a la enorme pija del médico de apoco, y él la metía hasta la mitad y la sacaba, y así fue introduciéndola más adentro, en eso mi mujer que se había sacado la pija del negro de la boca y la estaba masajeando entre sus pechos, dijo, por favor, métemela toda, quiero que me llegue hasta el fondo, con mi marido nunca me llega. Entonces el medicó se la metió toda y gozaba como enloquecida y obnubilada con las caricias del negro buscaba algo más, el médico le sacó la pija y la hizo levantarse y bajarse de la camilla, mientras estaba parada, la magreaban entre los dos, pellizcando sus tetas, y amasando su culo, el negro se acostó boca arriba en la camilla y su pija ya endurecida se elevaba como un obelisco, el médico le dijo -Andrea súbete y cabálgalo, a lo que mi mujer obedeció, se subió arriba del negro, sus pulseritas en los pies seguían haciendo ruido, y se colocó encima de la enorme pija, casi se tuvo que parar para colocarla en su entrada y aunque ya tenía la vagina dilatada, tuvo que abrirse más para dejar entrar la pija del negro mas gruesa y mas larga, de a poco y muy lentamente fue entrando y cada centímetro que se introducía, le provocaba un espasmo de dolor y placer a la vez, sacudiendo su cabeza y su bello rostro se contraía por las sensaciones recibidas, empezaron los dos a meterla y sacarla cabalgando mi esposa con entusiasmo, pero siempre gimiendo y gritando cada vez que se le introducía hasta que llegó hasta lo mas profundo porque a pesar de que todavía no le entraba toda, sobraban unos centímetros de pija afuera, rebotaba su cuerpo para arriba como si ya se estrellara contra su fondo, se ve que le llegaba y lastimaba, porque vi un hilillo de sangre que le salía de la concha. Ella se sacudía en brutales orgasmos, y a la vez le caían lágrimas del dolor. El médico mientras le trabajaba en el culo, esperó un rato que Andrea se cansara de cabalgar y la puso en 4 patas y siempre con la pija del negro enterrada, le acercó el descomunal glande en la entradita de su ano, ya un poco lubricado por el dedo anteriormente, empujó de a poco introduciéndose trabajosamente. NOOOO gritó, Andrea, no lo hice nunca por ahí, Seguro putita, por qué te crees que lo invité a Jair, si con una sola pija no te alcanza. NOOO seguía gritando Andrea, para mi esto era demasiado, yo nunca se lo había podido hacer por el culo, e iba a entrar en el consultorio y parar este atropello, pero me vino otra eyaculacion en ese momento y seguí observando sin intervenir.
La pija del médico se iba introduciendo trabajosamente en el culo de mi esposa, dilatando su esfínter, ella no dejaba de gritar, y también observé, que le había roto el culo, porque salía sangre, pero al médico ni le importó y siguió empujando hasta meterla toda adentro, y sus bolas golpearan las nalgas de mi mujer, le amasaba las tetas que se bamboleaban por el movimiento continuo, y le pellizcaban los pezones y se turnaban para estrujárselos y el negro además desde abajo se los chupaba y mordía fieramente, bombeaban ambos por los dos lados, estuvieron así un largo rato en el vaivén del mete y saca y mi mujer ya no gritaba y solo gemía de placer, su cabeza se sacudía con las embestidas y su cabello danzaba de un lado a otro al ritmo de la cogida, totalmente llena con las 2 tremendas pijas cavando en sus hoyos tuvo varios orgasmos seguidos, cosa que nunca le había podido hacer yo, entretanto el negro también eyaculó abundantemente dentro de mi esposa, que ya llena de leche, se escurrió bastante afuera como un río de semen entre sus piernas, - Si te embarazo yo, tu marido sí que te va a matar-, dijo, el negro, le saco la pija despacio y le obligó a ella a lamérsela y limpiarle toda la leche, y se la terminó de limpiar en su pelo, mientras le seguía estrujando las tetas, que parecía que tenía una fijación, ya que dijo, que eran las mejores tetitas que había visto.
El médico, mientras tanto, seguía perforando su culo y cuando se vino dentro de ella, le llenó los intestinos con otra dosis de semen, que se le mezclaba con el hilo de sangre que le salía del ahora enorme hoyo, - me arde gritaba mi mujer, a lo que el médico le decía, enséñale a tu marido como tiene que hacer para excitarte.
Mi mujer se bajó de la camilla y con la cara completamente desencajada, se dirigió al biombo donde había dejado su ropa, -deja la bombacha para mí y el corpiño para Jair dijo el médico, sin esas prendas se empezó a vestir, le dolía todo el cuerpo y su vagina y su culo habían quedado completamente abiertos y dilatados. Tus músculos tardaran un tiempo en volver a su estado normal, dijo el médico, así que trata de no coger por 4 o 5 días por lo menos.
El médico y el negro se vistieron y él le dijo, volvé dentro de una semana, para llevarte los análisis, y vemos ese culito a ver como sigue, y de paso te damos otra cogida como ésta, - Bueno dijo mi esposa, dándole un largo beso de lengua, mientras ella estaba terminando de vestirse, yo me bajé del tacho, me arreglé la bragueta y el pantalón manchado con mi semen, y volví rápido a la sala de espera, en eso sale el médico adelante de mi mujer y me dice, - querido amigo, su esposa está rebién, parece una adolescente tardía, pero tiene que volver semanalmente para que sigamos la evolución del tratamiento y además tiene que evitar las relaciones sexuales por lo menos hasta la próxima semana, que la revisaré nuevamente. - hijo de puta pensé yo, buena hembra te has tirado, y además la quieres para tí y tu amigo solamente. Mi esposa me abrazó y me besó, y yo sentí el gusto y el olor a semen y pijas de su boca, pensé en echarle en cara lo que había sucedido, pero dudé, y lo deje para después cuando estuviéramos en casa, ella caminaba con dificultad, yo le pregunté si le había dolido, y ella dijo que estaba toda dolorida y no podía cerrar las piernas, - es por el tratamiento contra las hemorroides dijo ella, - sí asentí, yo, total ella no sabía que yo, lo había visto todo. Pero después mientras íbamos en el auto, pensé que si le decía algo, me iba a perder la próxima sesión dentro de una semana.
Mi esposa y yo tenemos un matrimonio sin muchos contratiempos, ni grandes historias, vivimos en Montevideo, y no tenemos problemas económicos. Mi mujer me pidió que la lleve al médico porque tenía algunos dolores y de paso, hacerse una revisión de rutina. El hecho de acompañar a mi mujer a su visita a un ginecólogo, me llenaba de excitación, sabiendo que tendría que desnudarse delante de otro hombre.
En la sala de espera, colgada de mi brazo, mi hermosa esposa, Andrea, es una típica argentina descendiente de italianos, suizos, y algún gaucho con sangre india, es una bella morena de ojos claros, delgada y alta con muy buenos pechos, y un culito chico pero redondito, que se viste muy conservadoramente, tiene 32 años muy bien llevados, gimnasio mediante, es profesora de inglés en una escuela secundaria y tiene un carácter muy fuerte, es bastante antigua en el tema del sexo y es difícil hacerla calentar. Viste siempre muy sencillo y nada llamativa, pero me excitaba mirando sus pechos que se dejaban entrever abultados abajo del pulóver, por abajo llevada un vaquero ajustado que le hermoseaba sus caderas, su culo y sus hermosas piernas, en sus pies unas sandalias con tacos, que la hacían casi mas alta que yo, y en sus tobillos unas pulseritas como esclavas, que hacían ruidito cuando caminaba.
Acababa de entrar al consultorio una mujer rubia muy hermosa, y yo me ratoneaba imaginándola desnuda y en la camilla esperando la revisión del médico, le hice un comentario a Andrea sobre ella y el doctor, y ella me respondió, cállate vos, siempre el mismo morboso, yo le hacía algunos arrumacos y ella me agarraba mas fuerte apretándome el brazo como buscando refugio.
El Médico era un tipo alto con unas manazas y dedos larguísimos, de unos 38 años aproximadamente se ve que tenía muchas pacientes gracias a esos dedazos, no me los imaginaba dentro del chocho de mi esposa, y pensaba que dentro de poco tendría la posibilidad de verla gemir de dolor.
Nos tocó el turno, y pasamos adentro del consultorio, yo me senté con vista a un pequeño biombo, y detrás de un divisorio de plástico traslúcido, se veía la camilla ginecológica, la habitación tenía una ventana que estaba cerrada y un respiradero en la parte de atrás a la altura de los marcos. Mi esposa estaba nerviosa pero también la noté excitada, imaginando lo que le iban a hacer, sus ojos verdes brillaban más que otras veces y me miraba como con compasión, como si me estuviera a punto de engañarme o pasarme el cuarto como decimos acá.
Después de los saludos, y comentarios triviales de siempre, algunas preguntas sobre la salud de mi esposa y los síntomas que podría tener, le dijo que la tendría que revisar y le indicó que se desnudara detrás del biombo, yo disimuladamente me corrí para atrás para disfrutar viendo el magnífico cuerpo de mi mujer, que se quitó los pantalones y la parte de arriba, y quedó en corpiño y bombacha, la que se le metía por la raya de su culito y me volvía loco, un juego de lencería negro con bordes de encaje, que me quitaba el aire, salió de atrás del biombo, preguntándole al médico si estaba bien así, éste levanto los ojos y quedó alelado, pero reaccionó enseguida y le dijo, que no, que se sacara todo, y mi mujer volvió atrás y se empezó a quitar el brassier, soltando sus tetas magnificas, que ya tenían los pezones duros por los nervios y la excitación, a mi se me empezó a parar viendo las aureolas y sus formas perfectas, se sacó la tanga, agachándose con el trasero hacia a mí, mostrándome sus nalgas y largas y entornadas piernas, que eran su orgullo y un lunar en el cachete izquierdo del culo. Mi mujer se puso la bata verde y salió de atrás del biombo y se acercó a la camilla, que ya me quedaba un poco fuera del alcance de mi vista, el medico le dijo, que se acueste y ponga los pies en los apoyos, con lo que quedaba completamente expuesta y con su coñito depilado a la vista, pero no la mía, mi mujer juntó las rodillas y se cubrió todo lo que pudo, yo podía verle las piernas por debajo de la bata y sus nalgas que se aplastaban contra la camilla, el canal oscuro de su pelvis y el pliegue de su cola donde empiezan las piernas, lo que me acentuaba la erección.
Mientras el médico, se acercó y buscaba unos guantes finos de goma casi transparentes, se los colocaba, y le agarró las rodillas y se las separó, para empezar a trabajar en su coño. Alcancé a ver la cara de susto de Andrea, al sentirse completamente abierta.
El médico tomo un pomo de agua y le tiro agua en su pubis, y luego se lo secó, - tiene irritado y un principio de hemorroides en su ano, le dijo, - sí, me arde le dijo mi mujer, -le pondré una pomada, que tomo y la hizo ponerse en cuatro patas en la camilla, con lo que le levantó la bata descubriendo un culo blanco y redondo como para desfallecer, le colocó la pomada lentamente, rodeando su agujerito e introduciéndole un poco su dedo a lo que Andrea frunció su cara y elevó la cabeza en gesto de dolor, me arde más todavía insistió, y el médico estuvo un par de minutos masajeándole su entradita posterior, cuando se alivió un poco la hizo ponerse como al principio, se dió la vuelta y tomó un aparatito de plástico, se dirigió a la camilla, lo colocó delicadamente en la entrada de la vagina y de a poco se lo fue introduciendo en el coñito, mi esposa gimió, - le duele mucho preguntó, yo me excité de sobremanera y me corrí para ver mejor, en ese momento el medicó reparó en mí, y mirándome fijamente, se dió cuenta de mi estado de nervios, y me pidió si me podía retirar porque, haría mejor su trabajo sin tener la presión del marido de la paciente, mirando la terapia invasiva que le iba a hacer a la esposa.
Muy perturbado, tuve que retirarme, y cuando se cerró la puerta, me quedé solo en la sala de espera, con una angustia en el pecho y en un estado de incontrolable excitación, me perseguía la imagen de mi mujer dentro de esa bata, y sabiendo que no tenía nada debajo, y encima encerrada con un hombre que la tenía totalmente a su merced, no sabía que hacer, desde el consultorio sentí más gemidos de mi esposa, lo que me volvía loco, alcance a sentir la voz del médico pero no pude descifrar sus palabras, así durante un largo rato, traté de escuchar e imaginar lo que le estaba haciendo a mi esposa, seguían los gemidos un poco mas fuertes, y pegué la oreja a la puerta, para sentir mejor, en eso veo a una mucama que sale por una puerta del pasillo de atrás, puerta que seguro daría a un cuarto atrás del consultorio, pensé que escucharía mejor y no correría riesgo de que viniera alguna otra paciente a la sala de espera y me frustrara la posibilidad de por lo menos oír lo que pasaba adentro. Me levanté y me fui hasta el cuarto ese, abrí la puerta, entré, me encerré y comprobé que se escuchaba todo lo que pasaba adentro con mi mujer, que ya se había calmado y hablaba con el médico, diciéndole que le ardía el ano, y la pomada le daba mucho calor, el médico le contestó que ya le iba a pasar, yo me pregunté porqué se oía tan bien y me dí cuenta que el respiradero que había visto en la parte alta y posterior del consultorio daba a este cuarto, y estaba abierto, por lo que me subí a un tacho que había y miré por el respiradero, la vista era magnífica, me llené de alegría.
-Abrase la bata que le voy a hacer un examen de mamas- le dijo el médico, a mi mujer se le puso la piel de gallina, entonces el médico al ver que no reaccionaba, le abrió los bordes superiores de la bata poniendo sus hermosos senos al descubierto, y yo, como el médico, podíamos admirar su magnifico cuerpo completamente desnudo, ella ruborizada, trató de cerrar la parte inferior de la bata, tapando su pelvis, pero por la posición de sus piernas con las rodillas levantadas, la bata se deslizaba hacia abajo, y la dejaba expuesta totalmente, tranquila le dijo al notar, la piel tensa y los pezones duros, mientras le empezaba a masajear sus tetas, perfectas que le cabían justo en su mano, yo pensaba en como lo estaría disfrutando el maldito, la cara de mi mujer ya denotaba una marcada excitación y empezó a gemir pero de placer me pareció, ya que antes le habían estado trabajando el coño y el culito. El médico tenia ya un abultado paquete en su entrepierna alcancé a notar, mientras le masajeaba las tetas con las dos manos, sin los guantes, rozó varias veces el bulto contra el costado de mi esposa, le agarró los pezones y tiró de ellos, observando como volvían a su lugar, mi esposa ya no daba más de placer según yo lo veía en su cara y se tocaba disimuladamente la entrepierna, el médico al darse cuenta, dejó de masajearle las tetas y le dijo que le iba a hacer un tacto, dándose cuenta de la mojadura en sus labios vaginales que brillaban. Andrea, ya no intentó taparse y se quedó expuesta, el médico, en forma adrede sin los guantes, le empezó a meter un dedo en su vagina, y con la otra le acariciaba el interior de sus muslos, y frotaba su clítoris, con la clara intención de excitarla hasta donde pudiera, la cara de mi esposa era la imagen del placer, su cabeza hacía un vaivén de un lado a otro como buscando un alivio a su calentura, sintiendo ese dedo que entraba y salía repetidas veces y que se retorcía dentro de ella, entonces el médico le introdujo otro o sea los dos a la vez, ella pegó un grito tremendo, retorciéndose en la camilla, pellizcándose los pezones, a lo que el médico se le acercó ofreciéndole el bulto, mi esposa le agarró el pantalón, y le empezó a buscar la pija, cuando se la sacó, estallando enfurecida, pudo admirar un tremendo pedazo de carne con una cabeza desproporcionada, mientras seguía sintiendo los dedos abriendo y revolviendo su vagina, mi esposa tomó el pene descomunal y lo empezó a acariciar, pero el médico la obligó a llevárselo a su boca, como no le entraba, le lamía los costados, y en un esfuerzo pudo abrir su boca, dilatando los labios e introducírselo chupando la cabeza lentamente como si fuera un chupetín, el médico empujaba y se lo metía hasta la garganta solo aflojando cuando veía que ya no podía respirar, empezando un mete saca por la boca descomunal, yo estaba que no daba más, la visión de mi hermosa mujer con ese pedazo en la boca, me había hecho tener una eyaculación, mi esposa siempre se negó a practicar el sexo oral, aunque logré que algunas veces me lo hiciera, no lo hacía con el gusto y el entusiasmo que estaba poniendo ahora, chupaba, lamía y le pasaba la lengua por la punta como una experta. Una tremenda duda se me cruzó en ese momento dándome cuenta de la vejación que le estaban practicando a Andrea, se me cruzó la idea de ir a protestar y detener ese acto, pero la excitación y mi voyeurismo pudo más. Mientras tanto, Andrea tuvo un orgasmo gracias a los dedos que seguían revolviendo su vagina. Luego el médico sacó un dedo de la vagina y lo empezó a introducir en el ano, que se empezó a dilatar con los jugos de la vagina, mi esposa pegó un respingo al sentirlo, y gritó, me ardeeeee, el médico le dijo y te va a doler más, puta. Así con un dedo en cada agujero tuvo su segundo orgasmo, mientras el médico le llenaba la boca de semen, que se le escurría por las comisuras de los labios. Trágatelo todo, puta, le dijo, te va a hacer bien, le gritó el médico, ella haciendo arcadas tragó todo lo que pudo y el resto se le derramó por su cuello y sus pechos. Luego de esto el médico la levantó y la sentó, besándola en la boca, revolviendo su lengua dentro de la boca de ella, a lo que ella le respondió con un abrazo y un beso de lengua muy entusiasta. Él la acostó nuevamente y empezó a besarle sus pechos y morderle los pezones, mi mujer mientras tanto le masajeaba la pija para que se vuelva a endurecer!!! Quería más pensé.!!!! En eso sonó el teléfono, él se volvió y fue hasta el escritorio atendiendo la llamada, dejando mi mujer gimiendo, sentí que le decía - no te vayas, volvé, quiero más, mucho más, -Hola dijo él, estoy atendiendo, pero venite que tengo una mina que esta reemputecida y con la pija mía sola no le va a alcanzar, fíjate cuando vengas si el marido esta en la sala de espera, pobre boludo no sabe la cogida que le estoy dando a su mujercita, que está rebuena, dale te espero-. Regresó al borde de la camilla, mi mujer se había puesto de costado, y se acariciaba su clítoris, entonces él mirándola fijamente, se dió cuenta que estaba para cualquier cosa, - que buen culo tenés, déjame que te lo voy a destrozar le dijo, y así te volverás la mejor puta. Nooo dijo mi mujer, por ahí no, la quiero en mi concha, dijo al ver la enorme pija endurecida nuevamente, en eso entró otro hombre, pensé que era el del teléfono, cuando lo vi casi me caigo, era un negro descomunal y feo, -Hola Jair dijo el médico, ahora probarás una putita insaciable. Se dio vuelta hacia mi esposa y le dijo - Andrea este es Jair un médico residente africano, que está terminando su preparación en esta clínica, ella lo miró con los ojos inyectados por el deseo y no dijo nada. El negro al ver a mi esposa desnuda y ansiosa de ser cogida, se empezó a desnudar y se puso parado al lado de la camilla en la parte de adelante, al alcance de la cabeza de mi esposa, cuando se bajó el slip apareció un miembro monstruoso, largo y con la cabeza mas clara, que inmediatamente buscó la boca de Andrea, que la empezó a chupar de costado hasta introducírsela en la boca, pudo porque todavía no estaba endurecida del todo, pero empezó a hincharse y la boca de ella se inflo como un globo mientras el negro, la empujaba y la sacaba repetidamente, el médico mientras estaba introduciéndole el pene en su vagina, que a pesar de lo mojada que estaba, no alcanzaba a dilatarse, y ella gemía y se sobresaltaba del dolor, yo estaba extasiado viendo a mi mujer con 2 pijas en su cuerpo, la vagina empezó a engullir a la enorme pija del médico de apoco, y él la metía hasta la mitad y la sacaba, y así fue introduciéndola más adentro, en eso mi mujer que se había sacado la pija del negro de la boca y la estaba masajeando entre sus pechos, dijo, por favor, métemela toda, quiero que me llegue hasta el fondo, con mi marido nunca me llega. Entonces el medicó se la metió toda y gozaba como enloquecida y obnubilada con las caricias del negro buscaba algo más, el médico le sacó la pija y la hizo levantarse y bajarse de la camilla, mientras estaba parada, la magreaban entre los dos, pellizcando sus tetas, y amasando su culo, el negro se acostó boca arriba en la camilla y su pija ya endurecida se elevaba como un obelisco, el médico le dijo -Andrea súbete y cabálgalo, a lo que mi mujer obedeció, se subió arriba del negro, sus pulseritas en los pies seguían haciendo ruido, y se colocó encima de la enorme pija, casi se tuvo que parar para colocarla en su entrada y aunque ya tenía la vagina dilatada, tuvo que abrirse más para dejar entrar la pija del negro mas gruesa y mas larga, de a poco y muy lentamente fue entrando y cada centímetro que se introducía, le provocaba un espasmo de dolor y placer a la vez, sacudiendo su cabeza y su bello rostro se contraía por las sensaciones recibidas, empezaron los dos a meterla y sacarla cabalgando mi esposa con entusiasmo, pero siempre gimiendo y gritando cada vez que se le introducía hasta que llegó hasta lo mas profundo porque a pesar de que todavía no le entraba toda, sobraban unos centímetros de pija afuera, rebotaba su cuerpo para arriba como si ya se estrellara contra su fondo, se ve que le llegaba y lastimaba, porque vi un hilillo de sangre que le salía de la concha. Ella se sacudía en brutales orgasmos, y a la vez le caían lágrimas del dolor. El médico mientras le trabajaba en el culo, esperó un rato que Andrea se cansara de cabalgar y la puso en 4 patas y siempre con la pija del negro enterrada, le acercó el descomunal glande en la entradita de su ano, ya un poco lubricado por el dedo anteriormente, empujó de a poco introduciéndose trabajosamente. NOOOO gritó, Andrea, no lo hice nunca por ahí, Seguro putita, por qué te crees que lo invité a Jair, si con una sola pija no te alcanza. NOOO seguía gritando Andrea, para mi esto era demasiado, yo nunca se lo había podido hacer por el culo, e iba a entrar en el consultorio y parar este atropello, pero me vino otra eyaculacion en ese momento y seguí observando sin intervenir.
La pija del médico se iba introduciendo trabajosamente en el culo de mi esposa, dilatando su esfínter, ella no dejaba de gritar, y también observé, que le había roto el culo, porque salía sangre, pero al médico ni le importó y siguió empujando hasta meterla toda adentro, y sus bolas golpearan las nalgas de mi mujer, le amasaba las tetas que se bamboleaban por el movimiento continuo, y le pellizcaban los pezones y se turnaban para estrujárselos y el negro además desde abajo se los chupaba y mordía fieramente, bombeaban ambos por los dos lados, estuvieron así un largo rato en el vaivén del mete y saca y mi mujer ya no gritaba y solo gemía de placer, su cabeza se sacudía con las embestidas y su cabello danzaba de un lado a otro al ritmo de la cogida, totalmente llena con las 2 tremendas pijas cavando en sus hoyos tuvo varios orgasmos seguidos, cosa que nunca le había podido hacer yo, entretanto el negro también eyaculó abundantemente dentro de mi esposa, que ya llena de leche, se escurrió bastante afuera como un río de semen entre sus piernas, - Si te embarazo yo, tu marido sí que te va a matar-, dijo, el negro, le saco la pija despacio y le obligó a ella a lamérsela y limpiarle toda la leche, y se la terminó de limpiar en su pelo, mientras le seguía estrujando las tetas, que parecía que tenía una fijación, ya que dijo, que eran las mejores tetitas que había visto.
El médico, mientras tanto, seguía perforando su culo y cuando se vino dentro de ella, le llenó los intestinos con otra dosis de semen, que se le mezclaba con el hilo de sangre que le salía del ahora enorme hoyo, - me arde gritaba mi mujer, a lo que el médico le decía, enséñale a tu marido como tiene que hacer para excitarte.
Mi mujer se bajó de la camilla y con la cara completamente desencajada, se dirigió al biombo donde había dejado su ropa, -deja la bombacha para mí y el corpiño para Jair dijo el médico, sin esas prendas se empezó a vestir, le dolía todo el cuerpo y su vagina y su culo habían quedado completamente abiertos y dilatados. Tus músculos tardaran un tiempo en volver a su estado normal, dijo el médico, así que trata de no coger por 4 o 5 días por lo menos.
El médico y el negro se vistieron y él le dijo, volvé dentro de una semana, para llevarte los análisis, y vemos ese culito a ver como sigue, y de paso te damos otra cogida como ésta, - Bueno dijo mi esposa, dándole un largo beso de lengua, mientras ella estaba terminando de vestirse, yo me bajé del tacho, me arreglé la bragueta y el pantalón manchado con mi semen, y volví rápido a la sala de espera, en eso sale el médico adelante de mi mujer y me dice, - querido amigo, su esposa está rebién, parece una adolescente tardía, pero tiene que volver semanalmente para que sigamos la evolución del tratamiento y además tiene que evitar las relaciones sexuales por lo menos hasta la próxima semana, que la revisaré nuevamente. - hijo de puta pensé yo, buena hembra te has tirado, y además la quieres para tí y tu amigo solamente. Mi esposa me abrazó y me besó, y yo sentí el gusto y el olor a semen y pijas de su boca, pensé en echarle en cara lo que había sucedido, pero dudé, y lo deje para después cuando estuviéramos en casa, ella caminaba con dificultad, yo le pregunté si le había dolido, y ella dijo que estaba toda dolorida y no podía cerrar las piernas, - es por el tratamiento contra las hemorroides dijo ella, - sí asentí, yo, total ella no sabía que yo, lo había visto todo. Pero después mientras íbamos en el auto, pensé que si le decía algo, me iba a perder la próxima sesión dentro de una semana.
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